Los idiomas de mi casa

>Por Luis De León

No sé si soy el mismo o simplemente exploré las páginas de mi vida. Las páginas que todos tenemos y que por alguna razón no las volteamos para continuar por otra ruta. Cuando eres inmigrante no te enfrentas a un mundo desconocido, sino te enfrentas a ti mismo. Pasas más tiempo solo y hablas contigo mismo cada minuto. La batalla de aprender un idioma y sobre todo trabajar con tu acento resulta una batalla perdida…, hasta que te acostumbras a repetir dos, tres o hasta cuatro veces una palabra, todo depende con quien te toca hablar. El idioma no es lo mío.

No es lo mismo ser inmigrante y moreno en Kentucky, que en Nueva York o Los Ángeles. Quizá Chicago es el intermedio de estas dos ciudades. Sin embargo  me tocó vivir Louisville, una ciudad interesante que intenta ser cosmopolita…y ahí vamos.

Pero en medio de todo esto, no deja de fascinarme como mis hijos de forma natural juegan con el inglés y el español. Liam y Diego me piden como mejorar la ere (r) en español (rrrrrrrrrrrrrrrrrrradio cucharaaaaaaaaaaaaacha); los dos niños ríen una y otra vez al escuchar esta palabra, sencillamente se matan de la risa. Igualmente, se ríen de mí cuando pronuncio la “R”, en inglés.

El spanglish es tan usual, los cambios de palabras y conjugaciones con el inglés y español son automáticos. Diego es un traductor nato. Antes de leer y escribir en el idioma de su mamá, mi pequeño chapín conocía la estructura de ambos idiomas. Liam, es más profundo y quiere saber la raíz de las palabras y cada uno de sus sinónimos en español. Son largas conversaciones que siempre me interesan.

“Spekeo yo, o  spekeas tu”; “wathcheo por las mañanas”; “Quieres juegar o mejor play más tarde”; “Callmi a mamí”: entre otras palabras.

La cena además de incluir huevos con frijoles y plátanos, también se combinan con postres. Y las conversaciones se convierten en un verdadero chirmol que le dan sazón a ese tiempo en familia. En inglés y español.

                                                                         Diego habla inglés y español con facilidad. Suele conjugar los verbos en ambos idiomas.

Al finalizar, un “Muchas gracias, buen provecho”,  es el ritual que da pauta que la cena ya se terminó.

Todas las noches antes de dormir mis hijos me piden que les cuente una historia. Quieren saber más de mi niñez. Mi vida transcurrió en el campo y para ello utilizó otras palabras, algunas están en náhuatl, ellos no ven la diferencia y solamente las integran a su lenguaje en español, pero les aclaro que se trata de otro idioma, el cual yo no hablo pero usualmente se utilizan para algunos objetos en el sur de México y Guatemala.

Hace un par de semanas, Diego me dijo que a veces prefiere el inglés porque es más fácil y rápido, pero por las noches prefiere escuchar el español antes de dormir porque siente que el tiempo transcurre más lento.

Liam, es más reservado, pero entiende todas las palabras sofisticadas en mi idioma materno.

Con la música, ellos prefieren todos los ritmos, pero les encanta bailar, así que también combinan ritmos de ambas culturas y prefieren la música en español, Diego dice que es más alegre. A Diego le gusta las rimas en español, dice que hacerlas en inglés a veces le resulta un tanto difícil porque no es chistoso.

Cuando exploran su nuevo entorno lo prefieren hacer con Shannon, en inglés. Con mi esposa los niños exploran su mundo estadounidense. Entremezclan sus experiencias de ambas culturas, Shannon se encarga de esta tarea, para ella es tarea fácil porque tiene mucha experiencia en convivir con muchas culturas y además ha tenido la oportunidad de viajar por el mundo. Su última experiencia la hizo en Guatemala en varias comunidades indígenas, en donde el español es el segundo idioma.




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