El retrato

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El Andén

Dennis Stock uno de los fotoperiodistas más famosos de Estados Unidos decía que no hay ser humano que se resista para hacerse un retrato, “es algo tan natural como verse más de alguna vez durante el día en el espejo”. Stock llegó a conocerse a sí mismo por medio de los retratos que publicó en las revistas Life y Magnum.

En nuestro segmento El Andén recibimos la fotografía de Javier Capri Bosh, un amigo muy querido desde la secundaria. Un artista nato, con una perspectiva interesante ante la vida. Teatro, dibujo, diseño e incluso se aventura a realizar diferentes caracterizaciones cuya voz polifacética le dan vida a diversos personajes. La fotografía que nos envió mi buen Javier lleva por título El Retrato.

El Retrato es quizá la mejor forma de describirse así mismo. Por más ropa elegante o peculiar que se quiera usar, El Retrato nos ofrece una idea de las personas, y esto por favor que no te condicione que la primer impresión cuenta, porque quizá ese no era el mejor día para el retratado. Algunos buscan divertirse con los retratos, otros quieren mostrar su estado de ánimo, otros solo se toman fotos cuando necesitan un nuevo pasaporte, el peor de los casos cuando vas a cárcel y otros por narcisismo. Todo es válido.

Las personas dedicadas a la fotografía ven con recelos los dispositivos móviles. La competencia. Antes tomarse un retrato era todo un acontecimiento. Se contactaba a un fotógrafo profesional. Se hacía una cita, se buscaba el lugar adecuado para la ocasión y la fecha, incluso se compraba o (compra) ropa especialmente para el día de la foto. Si te tocaba un fotógrafo relajado, entonces la sesión de fotos era todo un éxito pero si era todo lo contrario entonces salir con una sonrisa era toda una odisea. Independiente que la competencia venga a afectar a los fotógrafos de oficio, finalmente puedes crear tu propia atmósfera con tu dispositivo móvil y así sacarse un buen retrato.

Otro ejemplo sobre las fotos, es la de las escuelas. Estas fotos que toman en las escuelas y colegios son casi que obligadas. Una sonrisa simultánea con el grupo sería el éxito, pero no siempre es así, recuerdo que en sexto primaria nos tomaron la foto del grupo, todos al mismo tiempo bajamos la cabeza y de la cuenta de 1,2,3 debíamos subirla y con una sonrisa en nuestros rostro, pero uno de mis compañeros se atrasó algunos segundos, el resultado, salió con la cabeza hacia abajo, todo mundo reía al verla impresa, me pareció una mala decisión del fotógrafo dejarlo sólo a él con la cabeza hacia abajo, esto, después que tomó varias fotos y no era la primera en tomar, el fotógrafo tenía casi cinco años de experiencia. Ese día el fotógrafo quería terminar pronto, pues, tenía un cita con alguien, según le escuché comentar.

Las fotografías de bodas, quizá son las que menos me gustan. La de las Quinceañeras también no son de mi agrado. Requiere mucho trabajo tanto para el fotógrafo como para la persona que será retratada. Quizá la fotografía perfecta en este tipo de eventos sería captar los momentos de alegría de la boda, sin que los protagonistas sean alertados que serán fotografiados, o que la Quinceañera se está pintando el rostro o peinando, creo que esos serían los momentos, el resto me parece una tortura innecesaria

Conocí hace muchos años en Guatemala a un fotógrafo que se dedicaba a tomar fotos de personas fallecidas. Trabajaba en la provincia, se llamaba Ambrosio. Usaba una Zenith construida en Rusia y su cámara era análoga. Súper pesada. Ambrosio prefería trabajar con los cadaveres porque se quedaban quietos y callados. Sus clientes normalmente eran personas de escasos recursos económicos que no tenían acceso a una cámara. Ambrosio era muy bueno para manejar la luz, tenía experiencia en lo suyo.

Regresando a Javier, nuestro invitado en El Andén, nos parece un personaje. Su estilo de un artista puede ser música, pintura, comics, poeta, productor de eventos. Javier tiene esa mirada sincera y no porque lo conozca sino porque su Retrato es fácil de describirlo. La tarde que Javier se tomó la fotografía afuera estaba poco menos de 10 grados centígrados un frío de invierno en Guadalajara, la ciudad en donde pernocta.